martes, 20 de diciembre de 2011

Mi subconsciente te recuerda por las noches


Dormitando y dando vueltas tu presencia no se aleja, puedo percibir tu aliento a un costado, juro escuchar tu voz pidiéndome silenciosamente que no te olvide, que lo nuestro algún día se hará. Que no importa cuántas veces haya olvidado nuestras reuniones, cuántas veces haya prolongado nuestros encuentros, siempre habrá otra oportunidad. Giro y no estás. ¿Qué me está pasando? ¿Acaso estaré llegando a un punto en dónde un simple amor platónico de preparatoria, llegue a convertirse en una de esas complejas obsesiones ocultas en el inconsciente?


“Aguarda un poco más” me repito cada noche, tratando de convencerme a mí misma que el destino me tiene preparado algo mejor, algo que me lleve hasta a ti. Mas no sé cuántos días más pueda esperarte, parece que han pasado siglos desde la última vez que fije mi mirada con otra persona. Y es que eso es lo que provocas! No importa cuántos chicos traiga y lleve el tiempo junto con sus horas, ninguno logra acercase a mi ideal, ninguno se parece a ti.

Te confieso que te busco en las calles y avenidas, busco tu mirada en cada sujeto que pasa, veo tu caminar en el andar de las personas y hasta he llegado a sentir tu pesada mirada a mis espaldas, pero todo es un juego de mi mente, un falso truco que simplemente ocasiona el profundo sentimiento de extrañarte.

Varias noches te siento entre mis sábanas. Me abrazas lentamente, me cantas al oído, al unisón de nuestras respiraciones compones la perfecta melodía y justo en la nota final, despierto. No hay nada, sólo la misma cobija, mi vieja acompañante, mi consuelo.

Y ahora dime, cómo podre olvidarte, si cada noche te escabulles dentro de mis sueños. Realmente te deseo pero que es tiempo de cerrar este cuento.




“Te quiero”…


Karla O.

1 comentarios:

  1. Cautiva connotación de eventos perdurables en la memoria dulce de una criatura enmascarada. Admirado me estremezco como quien ve una criatura inexistente propia de sus mas incautas fantasías, por el grato sabor de la melodía propia de las palabras que narran sucesos. Un duro letargo de sueños fríos como el acero de la espada en la madrugada invernal, combinado con la sangre hirviente del guerrero en batalla; como dulce beso de la doncella enclaustrada, tal cual suspiro de poeta en cárcel almidonada. Así se siente, así cautiva, así navega el alma del lector que pasmado cede al suave cortejo de la idea hecha palabras. Porque las palabras conversan con el alma.
    Como le dije en cierta ocasión: “Narras bien bonito…”
    Con cariño tu buen amigo Jorge Díaz

    ResponderSuprimir