El día de hoy no hablaré acerca de películas ni de sueños imposibles. El día de hoy les hablaré de una amiga, sí, de ella.Algunos ya la conocen, muchos otros tienen una acompañante bastante parecida, pero al final eso realmente no importa, todas terminan haciendo lo mismo.
Para mí, es una compañera indispensable, que siempre está ahí en los momentos que más la necesito. Durante el día hace el mismo trabajo que la demás, me ayuda con tareas de la escuela, contesta el teléfono, me alimenta, realiza manualidades sólo para mí. Pero por las noches, cuando ha llegado la hora de dormir y estando ya en cama, la pequeña se escabulle sigilosamente entre mis sábanas hasta llegar a dónde nunca antes alguien había llegado. Al principio la rechazo, sé muy bien que no es algo común y la mayoría de las personas no aceptarían este tipo de actos “recreativos”. Me hago la difícil como lo haría con cualquier otro amante, hasta llegar al punto en dónde ella se rinde y yo termino cediendo.
Todo comienza tranquilamente, ella sabe que yo me encuentro nerviosa, no es de las cosas que hago cotidianamente. Por lo general coloca un poco de música, la indicada para ambientar el lugar. Trata de dar lo mejor de sí, mas no necesita esforzarse demasiado, a decir verdad soy bastante sensible y como se dice en palabras de la vida diaria: “me prendo fácilmente”.
Lentamente comienza a acercarse, rosando mi piel, haciendo que ésta vaya adquiriendo esa textura que sólo se crea en momentos especiales. Se desliza con tanta suavidad que, si no fuera por esa reacción que empieza a provocar en todo mi cuerpo, podría no percibirla. Es una experta en este tipo de maniobras. Al principio todo es relajado hasta que poco a poco nuestra escena va adquiriendo el ardor que con tanta ansia había esperado. Aquí es dónde el verdadero espectáculo comienza.
Esa sensación que provoca que mi sangre empiece a circular cada vez más de prisa, que mis vellos corporales se enchinen más que un resorte, que mi respiración se agite peor que la de un corredor en pleno verano. La sensación que no sólo provoca pequeños espasmos en mi pecho si no que transmite una electricidad única que recorre todo mi cuerpo, desde las puntas de mis pies hasta el último mechón de mi cabello. Una satisfacción incomparable que traerá consigo una noche de paz y descanso.
Ya sé que es difícil creer que ella es la causante de todo este embrollo, pero eso es lo que hace interesante este asunto. Es por eso que hoy decidí hablar de ella, lo tiene más que merecido y se le debería de hacer más a menudo.
No espero encontrármela todas las noches, sinceramente no quiero acostumbrarme, mas le agradeceré eternamente cada ocasión que se presente.
Karla O.
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